domingo, 27 de enero de 2013

Reflexiones y divagaciones 1


Al terminar una obra, la sensación que se tiene es de estar exprimido, de que tus más claras y mejores ideas ya las has utilizado. Por ello, a la satisfacción ante la obra acabada -todo lo que el escritor puede llegar a considerarla así-, se une el desasosiego del, ¿y ahora qué escribo? ¿Seré capaz de hacerlo mejor, de superarme?
Es como cuando finaliza un parto. Ya sabemos en qué condiciones ha venido el bebé, pero comienzan otras preocupaciones consustanciales a la crianza y supervivencia de la criatura.

¿Cómo puede sobrevivir el escritor a su última criatura?, es decir, ¿a sí mismo? La lucha es pertinaz y casi obscena. Nunca, ¡nunca!, se conoce el resultado. Es una guerra sin fin, en tanto en cuanto al escritor le quede un soplo de aliento vital para seguir creando. Después, la paz. La esperanza de que los hijos inmortales -más o menos relevantes, difundidos o silenciados-, honren la memoria de su progenitor.

Saludos con el viento.

jueves, 17 de enero de 2013

Mis manos se tocarán


Mis manos se tocarán, pero yo
no palparé su tacto. Llantos, alguna risa
escapará, nerviosa o imprudente.
Irán a visitarme, pronunciarán mi nombre.
Quizá claven sus ojos en mi rostro de cera.

Bocarriba, hierática, lo ensayo.
Entrecruzo los dedos sobre el pecho
y mi piel es la misma
que el cartón abandonado por mí
de ese día en que esté sin enterarme.



Saludos con el viento.

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