miércoles, 11 de diciembre de 2013

Selma Lagerlöf: La colina de los geranios

Ya está disponible mi última novela: "La colina de los geranios".
En la columna de la derecha podéis ver la forma de adquirirla, aquell@s que lo deseéis.

SINOPSIS

Año 1.940. Finales de Enero. Nelly Sachs logra poner sus pies en la fría estación de Sunne (Suecia), salvada de las garras del monstruo que asolaba Europa, gracias a la intervención de Selma Lagerlöff.
Consciente de que su vida llega a su fin, Selma encuentra en Nelly el cauce por el que dar rienda suelta a sus sentimientos más íntimos, con audacia: “la felicidad es un descubrimiento, querida, no una posesión; audacia, no casualidad”. Tiene la necesidad de proclamar su amor con Sophie Elkan, su “compañera de vida y de letras”. Selma sabe que Sophie la espera, que “estará al final de las luces aguardando su llegada a la cima de la colina, de noche, con los pies descalzos, sobre la hierba”.

Son solo dos meses los que Nelly y Selma están juntas, pero no dejan de comunicarse a través de diálogos revestidos de sensual teatralidad, en una atmósfera intimista y cargada de emotividad, sobre los valores que Selma ha manifestado y defendido a lo largo de su vida. Y todo sucede en su querida Märbacka. En La colina de los geranios.


Saludos con el viento.

martes, 10 de diciembre de 2013

"La noche de los autores". Os invito.

El sábado, día 14 de diciembre, participaré, junto a otros escritores, en "La noche de los autores". Presentaré mi novela "El pintor ciego". Mi intervención será a las 20,30h.


El acto tendrá lugar en el Salón Moncloa del Hotel Celuisma Florida Norte (Paseo de la Florida, 5, junto a la estación de Príncipe Pío). Después, a las 22,00h, tendrá lugar un recital de poesía, microrrelato y Concierto fin de gala.
Estáis todos invitados.

Saludos con el  viento.

martes, 26 de noviembre de 2013

Me hiere

Me hiere retirar tu almohada cuando no estás;
el vacío se desviste en silencio,
la luz no hace juegos sobre la cama
sino curvas de sueño
que me derrotan más que el propio día.

Me hiere la firmeza de tu almohada
si la dejo en su sitio;
la carencia de arrugas no delata tu forma,
donde soy nave abandonada a ti.
Mi cuerpo se prolonga en tanto espacio,
donde empequeñezco cuando me abrazas.


Robo para mí, tu huella en la almohada.



Saludos con el viento.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Un poema de Blanca Varela

Curriculum vitae


digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.


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Soberbio...

Saludos con el viento.

martes, 29 de octubre de 2013

sábado, 21 de septiembre de 2013

Demodé

No quiero escribir poemas de amor,
hago lo imposible por evitarlo.
-El murmullo del aire y de la lluvia
al tocar la tierra, aturde mi oído-
Escribo sobre el Tránsito, la Fe,
Filosofía, Historia...
Todo es útil para huir del sentimiento.
-Tú, leve pájaro, alzas el vuelo-
¿Acaso el amor ha pasado de moda?
-Todo calla por la falta de tu aria-
Quizá soy yo, que he agotado mis reservas
por haber construido tantos.
-Lo único que escucho
son gritos de mi sombra
que te llaman sin pausa-



Saludos con el viento.

lunes, 29 de julio de 2013

El reuma de tu desamor

El reuma de tu desamor tulle mi cuerpo
sin necesidad de lluvia, humedad o tormenta.
Brota igual que el picor de una antigua cicatriz,
es un grifo abortando gotas en el silencio.
Cuando el calor apacigua mis huesos,
la espina seca brota como un achaque impróvido.
No es vacío el impulso,
consigue arrancarme estos versos.
Con lo que antes subía el estómago a la boca
vomito de risa sobre este folio.

Negro sobre blanco; mi blanco sobre lo negro.



Saludos con el viento.

martes, 2 de julio de 2013

No escribo lo que leo

No escribo lo que leo. A veces me copio,
después lo denuncio y reclamo mis derechos.
No plagio la palabra, pretendo su espíritu.

Me entregaré -si es un delito- o escribiré
hasta que me encuentren.





Saludos con el viento.

sábado, 15 de junio de 2013

Carta a Martín, julio de 2012

Querido hijo:

Hablar de salir en tu búsqueda y no hallarte, es tan tópico como absurdo. Te busco porque estás a cientos de kilómetros -cuerpecito que abrazo cada día-, aunque lo cierto que es que no te busco -pedacito mío por el que me desangro-, te imagino.
La frase tópica del inicio es evidente, está manida, pero lo de absurdo sí tiene sentido: lo es, porque sí estás. No dejo de escucharte en el parque o en cualquier rincón de la calle por el engaño traicionero de la voz de algún niño que se parece en algo a la tuya.
Venga otro tópico: no te vas de mi mente, como diría Elvis en inglés, con una expresión parecida.
En el amor casi todo son tópicos, ¿no es cierto? Pero, ¡qué sabrás tú a tus cinco años! ¿Verdad, pequeño brote de mis entrañas?
No sé si entenderás esto algún día; no deseo que lo sufras. Sí espero que lo sepas.
Todo mi amor, contigo está.
La belleza, la existencia en su plenitud y otros amores que son un regalo, me rodean. Los valoro, los agradezco, pero los disfruto porque vas a volver, porque existes, si no, nada de todo lo dicho -¡nada!- podría arrancarme de las garras de la desolación.
Toda yo, contigo estoy. Siempre. 

Tu “mamima”, que te quiere inconmensurablemente.

http://www.youtube.com/watch?v=DwEftzhjsi8

"Te esperaré, no puedo estar si ti,
te adoraré, con más pasión aquí..."
(Tema de Lara)

Saludos con el viento.

miércoles, 12 de junio de 2013

Finalista en el Certamen de Novela "López-Torrijos y Montalvá" 2013: María Blázquez


Queridos amigos, ya me encuentro en disposición de compartir de nuevo con vosotros una buena noticia. Aquí copio el comunicado que ha escrito la Organización del Certamen de Novela "López-Torrijos y Montalvá":



CORREDURÍA DE SEGUROS LÓPEZ-TORRIJOS Y MONTALVÁ
INFORMACIÓN SOBRE RESOLUCIÓN DEL 5º CERTAMEN DE NOVELA

El pasado día 29 de abril, la organización del certamen dio a conocer la novela ganadora del 5º certamen: “Siete puentes sobre el Sena”.   La organización, por prudencia, se guardaba la noticia de que el jurado había decidido que también fuera editada, por su calidad literaria, la novela que había quedado en segundo lugar en la votación final. Después de haber realizado las oportunas gestiones y de respetar la voluntad de quien nos había enviado la novela, tenemos la satisfacción de comunicar que “La colina de los geranios”, novela escrita por MARÍA BLÁZQUEZ ALONSO, es declarada oficialmente finalista del certamen y, teniendo en cuenta lo recogido en las bases, será editada y presentada con los mismos méritos que la novela ganadora.

El jurado ha valorado:
  • La calidad de la prosa poética. María Blázquez consigue crear una atmósfera intimista y cargada de emotividad en momentos trágicos de la historia: en Europa y, en particular, en la vida de la escritora sueca Selma Lagerlöf.
  • La aparente sencillez de los diálogos, revestida de gestos de sensual teatralidad.
  • La exquisita composición narrativa con la que se transmite la fuerza de los valores que Selma Lagerlöf siempre defendió.
  
Para conocer más sobre la obra y la personalidad literaria de MARÍA BLÁZQUEZ ALONSO les recomendamos que visiten su blog: http://mivientoes.blogspot.com.es/
  
La organización del certamen de novela López-Torrijos y Montalvá felicita a María Blázquez y se siente orgullosa de presentar su obra.


Almansa, 11 de Junio del 2013
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Quiero dar las gracias a la organización y al  jurado por su valoración hacia mi obra y, de manera muy especial, enviar un saludo con abrazo para Mario Lamela.

Saludos con el viento.

lunes, 27 de mayo de 2013

Fragmento de "El pintor ciego"


INTENCIÓN

Busco mi propia voz, aquella que me sirva para contar lo que quiero contar y haga que mis palabras filtren la esencia de la historia.
¿Trasmitiré lo que pretendo? ¿Llegarán los colores matizados o serán una simple acumulación de los mismos en una paleta?
Que mi voz me llegue primero a mí. Si no me escucho, no me veo y tampoco me reconozco, estoy sorda, soy ciega, transparente. Siendo así no tendría peso ni entidad. Cualquiera que se creyese con el suficiente conocimiento o autoridad para ello, podría llamarme inane.
Me llamo Olvido, Olvido Solá.
(Introducción de "El pintor ciego)

Saludos con el viento.

lunes, 20 de mayo de 2013

Presentación de la novela "El pintor ciego", de María Blázquez

Queridos amigos:

El jueves 23 de mayo, en la Biblioteca de Extremadura, a las 20,30 horas, tendrá lugar la presentación de la novela "El pintor ciego", de la escritora pacense María Blázquez... 



En el acto intervendremos Manuel Romero Higes, editor (Editorial Herákleion) y yo. La presentación correrá a cargo de Milagrosa Ortega. Después, tomaremos un aperitivo.

Ni que decir tiene, que estáis invitados, aunque que sé que muchos solo podréis asistir con el corazón.

Saludos con el viento.

sábado, 4 de mayo de 2013

En ti, mi cuerpo


No quiero estar cansada al acostarme a tu lado,
quiero doblar en ti las esquinas de mi cuerpo.

De noche, como siempre,
las horas se recuestan en su esfera,
se arrodillan nuestros pijamas para cantar
plegarias de memoria.
Miras desde una almohada
que muy bien nos conoce;
te miro antes de volar a tus brazos
para ceñirme al calor de tu piel.
Me bendices con el pelo al posar mi cabeza
en las venas de tu hombro.

No quiero estar cansada al acostarme a tu lado,
quiero volcar en ti los dominios de mi cuerpo.

(De "Estado de sitio")



Saludos con el viento.

viernes, 5 de abril de 2013

Azota


Azota bruscamente
la aparente levedad de mis cristales, lluvia.
Mi ventana está lejos
de tu endemoniado repicar.
Las esponjas de mis cristales
te están esperando.





Saludos con el viento.

viernes, 22 de marzo de 2013

Sin coordenadas


Solía decir que hay lugares a los que nunca se puede volver, que aun tratándose de las mismas coordenadas, ya no serían los mismos.
Cuando tenía veinte años vivía en casa de mis padres. Estudiaba allí, comía, dormía, celebraba los cumpleaños y soñaba. Salía a correr todos los días justo antes de que anocheciese, al atardecer, y regresaba cuando ya se había escondido el sol. Al llegar a casa, mi madre estaba preparando la cena, era ella quien acostumbraba a abrirme la puerta.
-¡Hija! Cualquier día te va a dar algo... -me decía- ¡Vienes como un tomate! ¿Tienes que hacerlo todos los días?
Yo sonreía y entraba en el cuarto de baño. Me miraba en el espejo. Lo cierto es que parecía que tenía el rostro desencajado: colorada, los labios y la zona de las ojeras en blanco. Siempre me pongo así cuando hago deporte.
Dejaba mi atuendo en el cesto de la ropa sucia y procedía a ducharme felizmente. Al salir, encontraba la cena recién hecha en la mesa de la cocina. Un gustazo.
Después iba a mi habitación, mi fortaleza, mi templo... mi reino. Las posesiones más preciadas -todas mis posesiones- se encontraban en allí. El radiocasete, el sintetizador, la guitarra, la baraja de cartas, mis cintas de música y mis libros. La cama era sagrada, como si volviese al vientre materno cada noche. Recuerdo cómo me apiadaba de los kurdos. Era la época en que fueron expulsados vilmente de sus aldeas y tuvieron que dejar atrás su hogar. Pensaba en que los pobres no tenían dónde caerse muertos y yo, en cambio, estaba calentita en ese templo del descanso.
Era feliz allí. El saco de mis sueños tenía un lugar especial en ella. Se podía meter la mano en él y saliera el que saliese estaba flamante, cargado de potencia, como un rayo dispuesto a hender el cielo.
En el verano me encerraba allí durante la siesta y, tendida bocabajo sobre la cama, leía compulsivamente; terminé en tres días “Cien años de soledad”. Me lo habían regalado mis amigos por mi cumpleaños. Lo acompañé con el ruido del aire acondicionado y un casete de Zuccero, “Senza una donna”. No cambié de banda sonora hasta que terminé el libro. Todavía se me vienen a la cabeza los personajes -Arcadio Buendía, Úrsula, Aureliano...- cada vez que escucho una de aquellas canciones. Están indisolublemente unidas a ellos. Veía mi cuarto como mi Macondo particular.
Todos los días hacía el mismo ritual y el mismo recorrido. Me ponía un bañador olímpico de esos que te ciñen el cuerpo -hacen más cómodo el trote-, mis mallas de ciclista, un cinturón apretado que sujetaba el voluminoso walkman y una amplia camiseta para que disimulase el bulto que el aparato creaba en la cintura. Lo último eran los calcetines y las zapatillas de deporte. La coleta me la hacía después de ponerme la camiseta.
Mientras bajaba en el ascensor iba introduciendo el cable de los auriculares por debajo de la ropa. Salía de él. Antes de cruzar la línea que separaba la calle del portal, apretaba el play, inspiraba y comenzaba a trotar; ligero, muy ligero. Ya tendría tiempo de apurar la marcha.
El trayecto no era muy largo, cuatro kilómetros más o menos, pero nunca he sido una gran fondista, en lugar de ampliarlo intentaba recorrerlo cada día en el menor tiempo posible. Realizaba un sprint unos doscientos metros antes de regresar al portal. Cuando lograse finalizar el recorrido sin sentir que estaba a un pelo de llegar al punto muerto, ampliaría los kilómetros. Nunca lo hice. Como cada vez me costaba menos correr esa distancia, esprintaba con más fuerza, por lo que llegaba a la meta sin resuello.
 La mayor parte del camino transcurría por el paseo fluvial. Los atardeceres del Guadiana son una maravilla. Dicen que hasta el califa Mutawakkil les dedicó alguno de sus versos.
Después tocaba un tramo urbano y regresaba por el Puente Nuevo cuando ya había oscurecido. El río no reflejaba el cielo en sus aguas, sino las luces de la ciudad. Siempre había unos preciosos pájaros blancos, grandes, revoloteando alrededor de los árboles, centinelas del Guadiana, pero a esas horas descansaban en sus ramas.
Casi veinte años después, voy de visita a casa de mis padres. Mi habitación es una especie de cubículo de seis metros cuadrados que mi madre reorganizó hace tiempo, cuando me fui de casa, como posible habitación de invitados -tiene una camita individual que no es ni de lejos mi camantemplodeldescanso-, y lugar donde poder recrearse cosiendo, pintando o leyendo cuando uno quiere alejarse del resto de los huéspedes que anidan en el salón y del ruido de la tele. De mi reino sólo quedan las cortinas, ¡únicamente las cortinas! Cuando vi por primera vez que mi habitación había sido desmembrada, ¡desarticulada!, me sentí perdida, como si me hubieran cortado la raíz, sin lugar al que volver, igual que un Teseo sin hilo dentro del laberinto...
-Por lo menos podrías haber dejado los muebles -le dije a mi madre-. Las estanterías te venían muy bien, las dejé vacías. La cama nido era más práctica que esta, tenía otra cama debajo y...
-Nena -replicó-, sea como fuere, te habría dolido. Es mejor que esté lo más diferente posible.
-Ya... Bueno. Has dejado las cortinas, pero ahora no pegan con el resto.
-¡Sí pegan! Son de un malva muy clarito que va con todo, son casi blancas.
-Tú verás, lo cierto es que es tu casa, yo ya no vivo aquí. No tengo derecho a decirte como tienes que ponerla.
-Esta será tu casa siempre.
-...
-Te diré una cosa -mi madre bajó la mirada y cogió mi mano-. También lo he hecho por mí. Abría la puerta de tu cuarto, me quedaba mirando cómo tu adolescencia y juventud campaban a sus anchas por aquellas estanterías y murales que colgaste en la pared, y tú no estabas... Buscaba...
-Mamá...
Me acerqué a abrazarla. Ella se retiró para poder mirarme a la cara mientras continuaba hablando.
-¡No! Déjame decirte, nena. Buscaba las huellas de tu paso por el edredón de la cama, pero siempre estaba intacto, recién hecho, porque tú ya no estabas... Y mil cosas más. ¿Lo entiendes?
-Lo entiendo. Te quiero. Te abrazo.
La abracé.
-Yo también lo echo de menos mater -le dije al oído-, hasta que me acostumbre. Nadie me obligó a irme, fue mi elección, pero cuesta.
-Tu padre casi se enfada conmigo. Él no quería que tocase nada, pero yo le dije que no te habías muerto, que sólo vivías en otra ciudad, que a mí se me hacía más difícil tu ausencia teniendo tantas evidencias de ti.
-Ya... Si es que tienes razón...
Y me despedí de mi reino para siempre. Lo guardé en mi particular bolso de Mary Poppins, donde cabe todo lo que quiero llevar a cuestas sin que ocupe demasiado; el jardín salvaje de la memoria.
Ya no salgo a correr por la ribera del río; entro a hacerlo al gimnasio, en la cinta donde puedo poner la velocidad que quiera mientras me miro en el enorme espejo que hay frente a mí.
El ritual es parecido, pero ya no hay cinturón ajustado porque escucho música en un aparato minúsculo que me regaló mi marido y que todavía no estoy de segura de saber como se llama, creo que es un Mp4. Lo coloco en el pecho, debajo de un sujetador especial para correr. Las zapatillas siguen siendo lo último que me pongo, el cable de los auriculares lo llevo preparado desde casa. Una casa baja que está a cincuenta metros del gimnasio, sólo tengo que cruzar un paso de peatones. No hay agua ni pájaros, pero suenan las campanas de la iglesia cada cuarto de hora, cosa a la que te terminas acostumbrando y llega, incluso, a tener su encanto. Ahora las campanas me dan buen rollo cuando estoy de viaje, porque me recuerdan a mi hogar; al lugar donde he logrado sentirme, de nuevo, en casa.
Hace dos días me hallaba corriendo sobre la cinta, fantaseando con llegar yo qué sé a dónde, y comencé a recordar mis carreras veinteañeras, el río, los atardeceres, mis jóvenes piernas engullendo más de un metro en cada zancada -todo lo que he contado a lo largo de este relato- mientras escuchaba Fix you de Cold Play. Cerré los ojos. Imaginé mi reino y deseé estar una vez más en él -aunque sólo fueran unos instantes- con más fuerza que nunca. Chirs Martin cantaba el estribillo: “las luces te indicarán el camino a casa...”. La guitarra sonaba con toda su intensidad en un final de canción apoteósico. Quedaba el último minuto de carrera. Abrí los ojos, esprinté. Una fuerza me atrajo hacia el gran espejo; una luz de antaño me secuestró en el tiempo y logré estar allí.
Todo seguía igual, mi reino me rodeaba. Miré la mesa, mi cama, me escuché cantar desde la ducha mientras olía la cena que estaba preparando mi madre; casi pude tocar las zapatillas de deporte que había dejado de forma descuidada detrás de la puerta. Respiré hondo. De repente noté que, lentamente, todo se iba haciendo más pequeño, se perdía en un horizonte ficticio. Hasta que desapareció tras el espejo. El programa de media hora de carrera había llegado a su fin a la vez que la canción. La máquina paró, mis piernas, temblando, dejaron de correr. Me puse la sudadera, apagué la música y regresé a casa. Había estado en mi reino de nuevo.

Solía decir que hay lugares a los que no se puede volver. Menos a aquellos que llevas grabados a fuego en el alma y en el recuerdo.
El deseo es el combustible, la imaginación, el vehículo.
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Saludos con el viento.

martes, 5 de marzo de 2013

Un saludo muy especial


Hoy, desde este portal de palabras, quiero enviar un saludo muy especial a los chicos y chicas de sexto del Colegio Antonio Chavero.
Sé que han estado “paseando” por Miviento. Desde aquí les animo a que se dejen abrazar por la Literatura y el universo magnífico que ésta les puede mostrar.
Un abrazo.


Saludos con el viento.

jueves, 28 de febrero de 2013

Reflexiones y divagaciones 2



¿Son nuestros ojos los que cambian? ¿Es el lugar donde paramos?
El viaje es constante...
Podemos atravesar la misma plaza todos los días, sus baldosas desprenderán un olor distinto cada vez.
Mudamos el decorado, reemplazamos la luz sin apreciar nuestra fragilidad. De repente, descubrimos una torre que siempre estuvo ahí, como las cajas sin abrir de los rincones del pensamiento.
Al transcurrir el tiempo el lugar no es el mismo, sólo para las aves de paso que conservan la visión persistente de lo efímero.


Saludos con el viento.

viernes, 8 de febrero de 2013

Con el sol



A Martín, infante luz de mis días.


Con el sol marcha la luz
recogiendo retales de algodón.
Se aleja puntiaguda, forma un ángulo,
y deja atrás el pasillo. Vacío.
Llega a ser tan cegadora
que ahora, cuando el oscuro,
todo se revela aún más oscuro,
y se crea un ambiente sordo, denso.
Desde mi posición observo todo,
las formas iguales de los objetos
que parecen más quietos que nunca;
inertes, desangelados.

Con el sol vuelve la luz,
atraviesa cortinas y paredes,
aumenta la voz del aire.
Es seda que acaricia mi cara.
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Saludos con el viento.


domingo, 27 de enero de 2013

Reflexiones y divagaciones 1


Al terminar una obra, la sensación que se tiene es de estar exprimido, de que tus más claras y mejores ideas ya las has utilizado. Por ello, a la satisfacción ante la obra acabada -todo lo que el escritor puede llegar a considerarla así-, se une el desasosiego del, ¿y ahora qué escribo? ¿Seré capaz de hacerlo mejor, de superarme?
Es como cuando finaliza un parto. Ya sabemos en qué condiciones ha venido el bebé, pero comienzan otras preocupaciones consustanciales a la crianza y supervivencia de la criatura.

¿Cómo puede sobrevivir el escritor a su última criatura?, es decir, ¿a sí mismo? La lucha es pertinaz y casi obscena. Nunca, ¡nunca!, se conoce el resultado. Es una guerra sin fin, en tanto en cuanto al escritor le quede un soplo de aliento vital para seguir creando. Después, la paz. La esperanza de que los hijos inmortales -más o menos relevantes, difundidos o silenciados-, honren la memoria de su progenitor.

Saludos con el viento.

jueves, 17 de enero de 2013

Mis manos se tocarán


Mis manos se tocarán, pero yo
no palparé su tacto. Llantos, alguna risa
escapará, nerviosa o imprudente.
Irán a visitarme, pronunciarán mi nombre.
Quizá claven sus ojos en mi rostro de cera.

Bocarriba, hierática, lo ensayo.
Entrecruzo los dedos sobre el pecho
y mi piel es la misma
que el cartón abandonado por mí
de ese día en que esté sin enterarme.



Saludos con el viento.

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