martes, 20 de diciembre de 2011

Cuando iba a revisar unos poemas


Ahora no -me dije-. Vamos a leer un rato,
vamos a tratar de entender las cosas
un poco mejor.
Ahora no es el momento de podar mis versos,
no podría con ellos, los destrozaría.
Cuando no nos vemos claros ¿cómo vamos a leernos?
Ni la mente más fuerte puede
aniquilar un cansancio largamente alentado.

¿Alguien intuye lo que anida en su propio corazón?
¿Hay alguien por ahí capaz de desvestirse el alma,
penetrar en la sustancia de sus inquietudes
y conocer los trances que han edificado su historia?
¿Quién se agota más, el farero o el faro?
¿El fruto cae del árbol porque ya no resiste
o es el árbol el que suelta al fruto cansado de sostenerlo?
Gastamos las horas esperando que el silencio nos hable
mientras perseguimos las sombras del techo.

Podría haber hecho las cosas tan bien... O bien.
Sólo queda intentarlo de ahora en adelante.









Saludos con el viento.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Fallo Blogger

Queridos amigos, a los que sigo y me seguís:

No puedo hacer comentarios en los blogs y responder a los que hacéis en el mío propio. Debe haber un fallo en Blogger o yo qué sé, pero lo cierto es que llevo así una semana y no sé cómo solucionarlo. De vez en cuando, si me deja, puedo comentar desde el móvil, pero no con el ordenador. Sin embargo, hasta ahora, no tengo ningún problema para escribir entradas, todo un misterio de la tecnología... Por eso he querido escribir esta para que sepáis que os sigo y os leo, aunque no pueda comentar en vuestros blogs o responderos en el mío con la facilidad que quisiera.
Espero solucionarlo cuanto antes.
Un abrazo fuerte para todos.

Saludos con el viento.

martes, 13 de diciembre de 2011

Poema de mayo de 2.010


LA GALLINA CIEGA


Parece que muere el mar en una ola,
el arco de unos brazos sin contenido.
Parece que uno está viejo, cansado,
que las horas vienen a merendárselo
hambrientas de sueños y batallas perdidas;
que no queda hálito
para danzar alrededor de una hoguera,
aguantar sobre pies de plastilina
el peso de la edad
que nos adormece con sus sicarios.

Parece que la vida se asoma, te silba y se esconde
mientras avanzamos a tientas para asirla
y, antes de que huya, arrancarle un laudo propicio.




Saludos con el viento.

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