miércoles, 27 de abril de 2011

"Camino del cementerio"

El camino que llevaba al cementerio estaba flanqueado por adormecidas encinas que, igual que guardianes siniestros del lugar, en la negrura de la noche y bajo la sola luz difusa y engañosa de la luna parecía que tomaban la forma de cualquiera de las criaturas tenebrosas que pudieran morar en lo más retorcido de nuestras pesadillas. De fondo y en un alto, el Camposanto, culminado con su cruz, que se alzaba por encima de todo él como una bandera tétrica que avisaba de que te ibas acercando al Reino de las Ánimas.
¡Ah! Las Ánimas… Dios sabe que yo hacía todo lo posible por no pensar en ellas, pero aquel propósito en semejante situación era como pretender bañarte en el mar por tus propios pies sin llegar a pisar la arena.
Por otra parte ¿qué interés podría tener todo aquello si estuviera carente de misterio; sin ese aire macabro que rodea a todo lo relacionado con la muerte; sin la posibilidad de encontrarnos algún espíritu taciturno que nos recordase que esa era su casa, donde no debíamos molestarle?
Hay cierto componente retorcido en el ser humano que le empuja a sumergirse, de manera consciente, en empresas que sabe a ciencia cierta le van a paralizar la saliva en la garganta, y no obstante, ahí va, ciego del enemigo, buscando esa dosis de adrenalina que es necesaria para que la vida no se nos pase por delante como un silencioso e insípido riachuelo y si como una corriente de agua vital, benigna y arrolladora que nos remueve todos los sentidos y les da la vuelta. 
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Saludos con el viento

domingo, 10 de abril de 2011

Mariposas negras





Mariposas negras
cubren de luto
los rincones de mi barca,
que a la deriva queda,
sin timón, sin velas y sin agua.

Negras mariposas
destiñen el viento
que las veletas señalan,
y, como pétalos muertos, caen,
vencidas por la escarcha.

Cuando imagino tu falta,
mis lágrimas incontenibles,
como balas de azabache,
se disparan, se vierten, se clavan;
por todos los rincones de mi barca.


Saludos con el viento

lunes, 4 de abril de 2011

"Caballitos del diablo"

Era todo un espectáculo circular por el pueblo en ese momento del día. La luz vespertina matizaba el amarillo picante matinal y le otorgaba a las apacibles callejuelas un tono azafranado -dulzón, pero bochornoso-, mientras la atmósfera era invadida por libélulas rojas con las alitas transparentes que podían salir de cualquier rincón, como si ellas también hubiesen sido liberadas de su encierro y se dirigiesen todas, en tropel, a conquistar el aire. Se posaban en el manillar de la bicicleta y se acercaban, sedientas, al brocal de los pozos y a los cubos repletos de agua que había en los huertos, buscando el fluido bienhechor que las aliviase, pero algunas se acercaban tanto que caían en él, y, al pegarse sus alas, morían ahogadas por aquel mismo que había de salvarlas.
Allí las llamaban caballitos del diablo
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Saludos con el viento

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